
Similar a una rutina, cambia la mirada la sorpresa que provoca encontrarse repentinamente despierto, continuando, después del espacio de comerciales de los sueños, con el mismo programa de hace años.
Sorprende que todo siga tan igual, que al rato de despertar nos encontremos con que la mayoría (sino todos) de los que tienen algún papel en la propia comedia también despertaron para seguir con las suyas.
Sorprende que no se haya producido un cataclismo que haya hecho cambiar las bases de la tierra, las leyes de la física, como que éste se produzca en medio de la noche o a mitad de mañana, o al medio día, o a medianoche, o cuando sea.
Incluso es sorprendente ver a los mismos desconocidos en el campus recorriendo los mismos lugares desde que entré a la Universidad, y cuando la bandera está a media asta me pregunto si alguna vez habré pasado al lado del que ahora no está y pretendo fijarme un poco más para la próxima.
Es asombrosa y pavorosa la enajenación ante la sorpresa del vivir, de la "rutina" que llena nuestros rostros cuando vagamos por ahí, como si fuera tan "normal" que todo, día a día, siga como está y seguimos sin descubrir que es eso lo que hace sorprendente a la experiencia de la cotidianeidad: su casi estúpida regularidad.
Nos ve pasar el día con la boca abierta como nosotros vemos con la boca abierta como corren nuestros días.
Un consejo para el que quiera, de la sabiduría popular: "En boca cerrada no entran moscas."