22 noviembre 2006

Contra el autoritarismo y la mediocridad


Vivir oprimido, vivir asustado, genera mediocridad. O reacción. Pero no ambas en una misma persona. La mediocridad en cuanto no nos atrevemos a hacer cosas, a mostrar lo que sabemos, a alzar la voz, a denunciar las injusticias. Porque quien tiene el poder puede aplastarnos si no le agradamos. El "gran hermano" puede echarnos de su reality social.
Y genera reacción. Condenada, eso sí. Por el "gran hermano" y sus seguidores (sean obligados o voluntarios). Y así se apabullan las grandes ideas. "Porque estamos tan bien así", nos sentimos protegidos por el "papá-estado" y reclamamos cuando éste no nos hace las cosas que deberíamos hacer nosotros. Eso es mediocridad. Ésto es reacción.

Hablar en Chile contra elautoritarismo es como sabotear la forma en que está hecho el mundo. Por historia, como decía en una conferencia la Magister Elizabeth Lira en el Congreso de Psicología de Talca, hace muy poco. Por la extraña costumbre que ha generado el que así haya sido aún antes del comienzo de nuestra historia institucional independiente. Por la extraña razón de que prefiramos que se nos impongan una serie de reglas (leyes que suplicamos casi a gritos a nuestros "Honorables") a desenvolvernos con autodisciplina en nuestras relaciones sociales. Porque preferimos al profesor-autoridad que deja libros en la fotocopiadora, que al guía-maestro que alumbra nuestros pasos. Preferimos lo escrito a la crítica, porque todo se ve mejor si no hay borrones, porque borronear es malo, pero no es tan malo pasar los errores por alto, si aún se puede convivir, o sobrevivir con ellos.
¿Dónde quedó el valor de hacer las cosas por si mismo? ¿Dónde quedó el valor de querer pensar por mi mismo? ¿Cómo llegamos a enajenarnos tanto? ¿Quién calla ahora nuestra voz? ¿Quien tiene el poder de callarnos?
Esta vez, amigos míos, soy un rebelde contestatario.


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