
Ahora ni siquiera la letra es de uno. La tecnología ha relegado al lápiz a ser fondo de su figura. Me acuerdo todavía cuando los trabajos se hacían a mano y había que poner un papel rayado debajo de la hoja de oficio para escribir relativamente derecho. Pero ahora es cuestión de soltar los dedos y teclear más rápido porque la letra queda ordenada y las líneas derechas de inmediato. Sin embargo me sigue saliendo más fácil pensar y crear frente al papel con un lápiz en la mano. Tal vez por el amor a lo romántico y añejo, o porque es más fácil sentir y percibir que lo que sale es algo mio y eso me retroalimenta, no sé y no me importa mucho saberlo tampoco, porque es así como sucede no más y no cambiará nada si sé cuáles son las causas. Y tampoco quiero cambiarlo, porque está bien así, porque mientras broten buenas ideas con relativamente buena letra seguiré sentandome a pensar frente al papel con el lápiz en mi izquierda. Me pregunto si algún profesor de la Universidad aceptaría un informe o un ensayo escrito por mi puño y letra. Aún si escribo con elegancia y no peco de faltas ortográficas y desorden. Pregunta sin respuesta por ahora. Son pocas las personas (sólo conozco a una) que gustarían de tener un manuscrito de mi autoría. Al resto no le interesa, pero está bien, porque esa persona que sí quiere mis manuscritos es quien yo quiero y me interesa que los quiera. Aunque lleven borrones acepta los originales, aunque a veces se me desordene la letra...
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